Una casa rural maravillosa
en un entorno incomparable.
Tranquilidad, ocio y diversión
por partes iguales. ¡Que bien
nos lo hemos pasado!
La casa tiene garaje (privado), barbacoa doble y dos plantas.
En la planta baja tenemos la habitación "La Gallina Pelada", con dos camas de 90 y un sofá cama. Cuarto de baño, cocina con despensa, un amplio comedor con fuego a tierra, una gran terraza y un balcón mirador al Pedraforca.
La planta superior tiene cuatro habitaciones: la "Serra d'Ensija" con tres camas de 80; la "Pedraforca" y la "Moixeró", ambas con una cama de matrimonio y otra de 90; y la "Cadí" con una cama de matrimonio y un plegatín de 80.
Toda la casa (salvo imprevistos) está suficientemente equipada.
No se comparte con otras familias.
No se ofrece ningún tipo de servicio.
Útiles de aseo personal, toallas, sábanas y fundas de almohada.
Se ruega abstenerse de llevar sacos de dormir y animales domésticos.
La casa originalmente se llamaba Can Jan d'en Jut, y data de principios del siglo XIX (aunque fue totalmente reformada a finales del siglo XX). Era popularmente conocida como Ca l'Espardanye por la profesión de uno de nuestros antepasados, que hacia alpargatas (espardanyer es alpargatero en catalán) entre otras cosas. Todos los documentos de la época que hacen referencia a la casa escriben Espardanye sin "r" final, seguramente debido a las dificultades de escribir bien el catalán en aquella época, nos ha parecido adecuado conservar esta forma de escribirlo por conservar su "savoir affaire" original.
La casa está rodeada de un entorno natural incomparable, y los nombres de las habitaciones no son mas que un pequeño homenaje a este hecho. Cada habitación está bautizada con el nombre de la montaña hacia la que está orientada, en la mayoría de los casos la montaña puede verse desde la propia ventana de la habitación.
El Pedraforca ha estado rodeado siempre de leyendas y mitología. La mas famosa y popular de estas leyendas habla de "Las brujas del Pedraforca" y cuenta lo siguiente.
En la época en que aquellas tierras estaban dominadas por los Sarracenos, los habitantes de la zona
bañada por el río Saldes, a los pies del Cadí, salían siempre que podían de sus cuevas y escondites para enfrentarse al enemigo. Una noche, estos
defensores de la fe y de la tierra, escucharon ruidos extraños: gritos, movimientos de piedra, truenos. Cuando salió el sol vieron con asombro como
sobre la montaña que a día de hoy es conocida como el Pedraforca, se alzaba una majestuosa fortaleza, un impresionante castillo de proporciones
increíbles poblado por una miríada de seres extraños que se aliaron con los Sarracenos y mataron con flechas y saetas a los infieles cristianos
que se aventuraron en territorio del castillo encantado. Los cristianos, indefensos ante las fuerzas del maligno, pidieron ayuda a Dios. Este envió,
la noche del 31 de diciembre de hace más de mil años, a San Miguel y a una hueste de ángeles para destruir el castillo. La lucha fue titánica, pero
finalmente del castillo solo quedaron piedras sueltas y la destrucción fue tan devastadora que la montaña acabó con la forma que tiene hoy en día.
Se explica por estas tierras que, desde entonces, cada 31 de diciembre, la noche de San Silvestre, las brujas se reúnen en el Pedraforca en recuerdo
de la existencia de aquel castillo encantado. 